domingo, 12 de abril de 2015

Un sábado por la mañana

Creo que estoy dormida. Hay una  luz blanca y pura por todas partes. Noto una cálida y suave sensación que me envuelve. Giro a mi alrededor, todo es blanco. Me quedo quieta por unos segundos hasta que todo se vuelve negro.

Abro mis ojos castaños repentinamente. Observo un cielo blanco, miro a los laterales y veo un conocido color púrpura. Entonces es cuando me doy cuenta de que todo ha sido un sueño y que me encuentro en mi habitación.

Vuelvo ligeramente mi cabeza a la derecha. Son las 7 de la mañana. Me levanto tranquilamente. Observo mis pies descalzos, mientras pienso en lo afortunada que soy en no tener que trabajar hoy. Cuando por fin salgo de mis pensamientos, me doy cuenta de que me he puesto mi chándal favorito y mis deportivas moradas, inconscientemente.

Debería desayunar, pero no tengo hambre. Decido salir de casa para tomar aire fresco.Cojo mi libro favorito y las llaves, no necesito nada más. Necesito desconectar de toda una semana de estrés. Antes de salir cierro la puerta con llave.

Una vez fuera de casa, disfruto de la suave brisa que alborota mi largo cabello negro y acaricia mi cara.
Echo a andar. Dejo que mis pies me guíen. Pasan unos diez minutos hasta que éstos se detienen. He llegado a  mi sitio favorito.

Un árbol de cerezo. Mi árbol de cerezo. De pequeña siempre venía a este maravilloso lugar a leer mil libros.
Actualmente, casi no tengo tiempo para leer. Pero eso no implica que ya no me guste, es más, mi amor hacia la lectura se ha incrementado hasta ser infinito.

Saco mi libro y me acomodo en las raíces de mi querido cerezo. Siento cómo me abraza. Empiezo a leer la primera página. Inmediatamente siento mil olas de emoción y me veo inmersa en la historia.


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